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¿Cuánto nos costará organizar el Mundial de México 2026?

Organizar un Mundial no es nada barato y eso nos lo ha demostrado casos como el de Brasil, Sudáfrica o Alemania

La madrugada de este miércoles 13 de junio se dio a conocer que en 2026 México será por tercera vez en la historia sede del Mundial de la FIFA. Esta candidatura será en conjunto con Estados Unidos y Canadá, y sólo nuestro país podrá tener 10 de los 80 juegos que habrá en total. 

Aunque para muchos amantes del futbol esto es una espléndida noticia, existen muchos mexicanos que se han manifestado en contra de esa candidatura argumentando que hay gastos más importantes que hacer en el país que en modernizar los estadios y sus alrededores.  

Esta queja es común en cada país que organiza un Mundial, ya que para estos eventos se necesita una gran inversión que no siempre se recupera.  

¿En qué se debe invertir con la llegada de un Mundial? 

Siempre se ha pensado que la organización de un evento deportivo, como un Mundial de futbol o como unos Juegos Olímpicos, dejan enormes ganancias económicas e impulsan el desarrollo de los países organizadores. Sin embargo, históricamente, los grandes eventos deportivos tienen un impacto económico moderado en los países y las ciudades que son sedes, y en muchas ocasiones dejan deudas. 

En términos generales, la inversión más fuerte para un país que resulta elegido para ser el organizador de un Mundial es en torno a la infraestructura que debe estar preparada para recibir un enorme flujo de gente en un breve lapso de tiempo.  

Modernización de transporte público, inversión en seguridad, fortalecimiento de redes de comunicación, inversión en tecnología y hasta modernización o construcción de estadios, son sólo algunos de los gastos que el país sede debe costear para recibir al mundo en su evento deportivo.  

¿Se trata de una inversión que no regresará? 

Generalmente se asume que un Mundial es muy rentable económicamente para un país, esto por el aumento en el turismo, la creación de empleo y millones de dólares que deja la venta de boletos para los partidos y patrocinadores. 

El problema es que en este tipo de eventos generalmente se subestiman los costos, mientras que se sobreestiman los beneficios. Según un informe del Saxo Bank, la principal razón para pensar que un evento así no es rentable, es que los países organizadores sólo reciben el dinero de las entradas para los partidos, una cantidad específica por albergar el certamen, el cual se calcula alrededor de 500 millones de dólares, y lo que se percibe por turismo. 

Sin embargo, la FIFA es quien se queda casi con la totalidad de los patrocinios, derechos de televisión y ventas de mercancía alusiva al Mundial, cifra que sólo en Alemania 2006 llegó a los tres mil 200 millones de dólares. 

¿Cómo les ha ido a otros países sedes? 

Recordemos el caso de Brasil, quien organizó la Copa en 2014. En su caso, hubo un gasto de 13 mil 600 millones de dólares que en su mayoría salieron de los bolsillos de los contribuyentes, algo que causó en su momento un gran descontento en una población que asegura que ese dinero se hubiera podido invertir más en servicios públicos, inversión social, educación y salud. 

Sólo un año después del Mundial de Brasil, 11 de los 12 estadios construidos o reestructurados para el macro-evento deportivo no habían recibido público suficiente ni siquiera para llenar la mitad de las gradas. Algunos incluso están siendo utilizados hoy en día como aparcamientos o espacios para fiestas.  

Esto resultó ser dinero tirado a la basura pues el costo de los estadios terminó siendo mucho más alto que el proyectado inicialmente. Parte del aumento en la construcción o reacondicionamiento en Brasil se atribuyó a que el acero para construir un estadio representa una quinta parte del costo total.

Sin embargo, bajo casi cualquier estándar, Brasil sí tuvo un gran excedente en gastos de inversión, sobre todo si los comparamos con el costo de los estadios en el Mundial de Sudáfrica, en el año 2010 y en el de Alemania, en el 2006. En promedio, cada asiento de los 12 estadios brasileños costó cinco mil 800 dólares, mientras que en Sudáfrica fueron cinco mil 200 dólares y en Alemania tres mil 400.  

La agencia calificadora Moody’s aseguró que la organización de un Mundial sólo tiene un impacto “poco duradero y pequeño para la economía del país organizador”. 

La calificadora también asegura que en el país organizador sólo se beneficia el sector de alimentos, hotelero y de transportes, mientras que en el resto los efectos incluso serán negativos.  

Para este evento deportivo en Rusia se destinaron 10 mil 800 millones de dólares, de los cuales cuatro mil 210 millones se fueron sólo en la infraestructura de los estadios.  

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