• Viernes, 29 Septiembre 2017
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Dos escuelas suecas combaten los estereotipos de género y evitan decir

Un edificio de 300 años de antigüedad en el centro de Estocolmo, Suecia, alberga al Nicolaigarden, un preescolar público que antes fue una capilla. Aquí las paredes ocre abrazan el mobiliario usual en cualquier colegio, sillas, mesas de trabajo y otros muebles que guardan juguetes y cuya particularidad son los colores, neutros, sin distinciones, para poder ser usados por todos.

En el Nicolaigarden los profesores evitan usar los pronombres él y ella, prefieren llamar a todos por su nombre. Las referencias masculinas y femeninas son tabú y aunque en los estantes hay cuentos clásicos como La Cenicienta y Blancanieves, cuyos roles de género son muy marcados, también hay otros libros cuyos protagonistas viven realidades como la soltería, la paternidad sin matrimonio, la interracialidad y la homosexualidad.

En este jardín de niños se incentiva la mentalidad igualitaria y se busca no reafirmar estereotipos de género, así que niñas y niños juegan con todo lo que hay ahí por igual, y cuando alguno llora, se le consuela con la misma paciencia.

Para los suecos, a quienes algunos critican de "sobrados", el peso del género y de los traumas de la imposición de un sólo tipo de familia con papá, mamá e hijos es claro, por eso intentan transformar su lenguaje, para que las diferencias no sean obstáculo en la convivencia y todos puedan sentirse cómodos con su manera de ver y vivir las cosas.

Actualmente, la escuela cuenta con 15 alumnos, pero tal ha sido el éxito del modelo, que se abrió otra llamada Egalia que recibió a 40 niños y niñas. El gobierno sueco ha invertido gran parte de su presupuesto en el cambio de modelo educativo (13.1 millones de dólares) respecto al género desde 2012. Y así han venido las evaluaciones y revaluaciones del rumbo educativo que no muchos padres apoyan y que han llegado a llamar al nuevo modelo como "policía del género", acusando a esta nueva modalidad de sobrevigilancia y un extremo de lo políticamente correcto.

Ante esto, los profesores responden que el miedo a que los niños sean despojados de su masculinidad y las niñas de su feminidad es falso, pues ellos se compartan como quieren sin ser juzgados. Quien quiere ser príncipe o princesa lo es, así de simple.

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